Monday 28 November 2011 20:44
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Del Terrorismo son y al Terrorismo van.
Por William Rosero
Islam Times - Por el hecho de que en el mundo haya terrorismo, podemos sacar cuantas conclusiones sean simples y llanas. ¿Que si existe terrorismo? Pues sí, sí existe el terrorismo. ¿Que si el terrorismo afecta a las democracias? Sí, afecta a todo sistema político en función de cumplir con sus cometidos.
Del Terrorismo son y al Terrorismo van.
Islam Times - Pero la pregunta que hay que hacerse, en lo que tiene que ver con el terrorismo, son entre otras, las siguientes: ¿Qué hace el terrorismo para mantenerse en pie? ¿Qué lo alimenta? ¿Qué o quién le da vida? ¿Cómo logra camuflarse entre el tiempo y sus autores?Pues bien, difícil es creer que el terrorismo sea mantenido por un grupo insignificante de hombres y mujeres en lugares inhóspitos y escondidos debajo de las calles secas de Kabul, o mejor, o debajo de las carpas de tribus en Libia. Si bien el terrorismo acapara actos bélicos cuyo fin es amordazar a la población civil bajo el epíteto de miedo, pues es importante decir, que el terrorismo tiene unas manifestaciones políticas, y estas manifestaciones políticas solo pueden producirse, canalizarse y expandirse por medio de los estamentos e instituciones de un sistema imperante. En occidente, y en medio de los sistemas capitalistas desaforados, y justamente hoy, en medio de la crisis del sistema capitalista más profunda en toda la historia moderna, se ven las medidas de ajustes de gobiernos desesperados, medidas traducidas en el recorte del gasto público, y por supuesto, dentro del gasto público la parte que tiene que perder es la social: salubridad, salud, educación, total: todo el sistema que le garantiza a la persona la existencia en condiciones humanas decentes. ¿Y a que va todo esto? Recuerdo que para finales del 2001, el mundo se encontraba en unas condiciones verdaderamente de zozobra, el acontecimiento de las torres gemelas hacían prever que estábamos ad portas de la muerte. El gobierno de los Estados Unidos hacía creer al mundo que detrás del Islam se escondían los más temidos asesinos cuya finalidad era hacer desaparecer al hemisferio americano con sus bombas, con armas bilógicas y toda la parafernalia inventada desde Washington y el Pentágono. El republicanismo había entrado en escena. Los hombres más miserables del sector de la extrema derecha de los Estados Unidos, se habrían paso entre e humo y el miedo de las personas invocando una supuesta confrontación entre el bien y el mal, donde los malos estaban al otro lado del mundo, y los buenos, dirigidos por Dios, sesionaban en el Congreso, el Pentágono y la Casa Blanca en Estados Unidos. Los aliados de estos, las potencias de Europa, ayudan a recrear la idea de una verdadera y catastrófica red internacional del terror contra la “civilización honorífica de la humanidad”. Después del 11 de Septiembre de 2001, George Bush tomaba las riendas del bando de los escogidos y decía: “Ha sido una desgracia nacional. Ha sido un acto de guerra. La libertad y la democracia han sido atacadas… El terrorismo contra nuestro país no quedará impune. Aquellos que han cometido estas acciones y aquellos que las protegen pagarán un precio muy alto por lo que han hecho… la guerra que nos espera es una lucha monumental entre el bien y el mal…” Como en el medioevo, cuando la cristiandad en cabeza del Papa, desaforada por nuevas rutas encaminaba su lucha contra los lugares santos, en los cuales musulmanes convivían de una manera pacífica, hoy los cruzados occidentales, comandados por los Estados Unidos, pretenden hacer del mundo un infierno colosal, en donde sus privilegios, estén seguros por encima de gran parte del resto de los mortales. En el llamado inaugural, George Bush decía: “… Aquel que no está con nosotros está contra nosotros… sabemos que Dios no es neutral… Estamos al inicio de una intervención militar que será larga. La intervención de Afganistán tan solo es el principio de la guerra contra el terror…” El terror que siguen orquestando, pues su sucesor Barack Obama ha sabido estar atento a los mandados de la extrema derecha estadounidense, poniendo a Libia en otro capítulo de su aventura cruzada.

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